Nota: Por lo general trato de alternar los temas que toco en este blog. No me gusta escribir sobre lo mismo en entradas continuas. Aunque la entrada anterior tiene que ver con género también, creo que es lo suficientemente diferente como para que no sea repetitivo. En fin, al ver los eventos del 5 de junio, necesitaba escribir esta entrada.
Bryan Denham (2010) define la masculinidad hegemónica como un tipo de masculinidad que idealiza al hombre estoico, independiente, fuerte, completamente heterosexual y sin queja alguna (p. 144)[1]. No hay dudas de que la pelea de boxeo entre Yuri Foreman y Miguel Cotto este sábado pasado fue la encarnación de estos valores. Y es esta encarnación la que nos muestra, precisamente, los peligros increíbles que vienen asociados a nociones tradicionales del género.
Yuri Foreman, un joven judío de 29 años, le arrebató el cinturón de campeonato de peso súper welter al puertorriqueño Daniel Santos el pasado noviembre del 2009 en la cartelera de Manny Pacquiao y Miguel Cotto. Como la empresa promotora Top Rank controla las carreras tanto de Foreman como de Cotto, a su director, Bob Arum, se le ocurrió que sería una buena idea si Miguel Cotto subía de su peso (147) a las 154 a retar a Foreman por su recién ganado cinturón. Y así mismo ocurrió. El sábado 5 de junio del 2010, Miguel Cotto subió al cuadrilátero como retador por primera vez en muchos años y Yuri Foreman subió como campeón a hacer su primera defensa del título.
Foreman, como dejaba claro su récord al entrar al ring (28-0, 8 knockouts), no tiene pegada fuerte; se vale de mucho movimiento lateral, de buena estámina y de un buen jab para ganarle a sus oponentes por decisión. Resultó ser que Miguel Cotto, acompañado por una nueva esquina y un jab re-energizado, dominó casi toda la pelea hasta el séptimo asalto. Cotto neutralizó, desde un principio, los atributos que le habían permitido a Foreman arrebatarle el título a Santos. Ya en el séptimo asalto Cotto estaba ganando 5-1 y 4-2 en las tarjetas de los jueces.
Y fue en el séptimo asalto que se produjo la catástrofe final de Foreman. En uno de sus movimientos laterales, su rodilla (cubierta por una rodillera que siempre usa para evitar que un lastimón antiguo que tiene le moleste en el cuadrilátero) dejó de aguantarlo y Foreman cayó de forma incomoda en la lona. Al levantarse era evidente que había que parar la pelea. El joven boxeador no podía casi caminar; cojeaba mientras el árbitro, Arthur Mercante Jr., le decía “suck it up”. Un buen árbitro hubiera parado la pelea en ese mismo momento. Mercante, que no es un buen árbitro, la dejó continuar.
Entre el séptimo y el noveno asalto, cuando finalmente Mercante entró en razón y paró la pelea, ocurrieron varios sucesos deplorables. Primero, Foreman, seguramente indoctrinado hasta la médula con la cultura de la masculinidad hegemónica, se negaba a rendirse. Esto, por supuesto, le valió nuevos admiradores que, igual que él, se adhieren a esta versión de la masculinidad en que el macho no se queja y aguanta. Segundo, viendo que Foreman no era capaz de entender el peligro innecesario al que se exponía, su esquina, que se supone que lo proteja, lo dejó salir a pelear en el octavo asalto a pararse frente a un Miguel Cotto que, en condiciones naturales, le aventajaba grandemente en pegada y poder. Tercero, cuando la esposa de Foreman (la ex – boxeadora profesional Leyla Leidecker) vio que ninguno de los hombres envueltos en este asunto tenía dos dedos de frente fue donde la esquina de Foreman a suplicarle que pararan la pelea. Cuarto, cuando por fin el manager de Foreman, Joe Grier, decidió tirar la toalla, el árbitro se negó a aceptarla. Resulta que en el estado de Nueva York la esquina no tiene derecho a parar la pelea; ese derecho se le reserva al árbitro.
De todas las malas decisiones que se tomaron en esta pelea, mi furia va dirigida en contra del árbitro. Arthur Mercante Jr no solamente pecó de irresponsable, sino que luego del combate se negó a pedir disculpas y justificó su decisión. Dijo Mercante:
The towel came in the heat of the battle. They had a good exchange going. I felt it wasn’t necessary to stop it. I didn’t know where it came from. There was no need to stop the fight. They were in the middle of a great fight. That’s what the fans came to see. I felt I did the right thing to let it continue. I called time, they had an extra minute to rest. It gave them both time to rest. I went over to Yuri and told him to suck it up. He showed the true heart of champion.[2]
Esta cita es tan problemática que no encuentro ni por donde comenzar. Habría que empezar diciendo que en puros términos profesionales, Arthur Mercante Jr. demostró no tener el raciocinio suficiente para tomar las decisiones difíciles que tienen que tomar los árbitros de boxeo. Un árbitro de boxeo no está ahí para asegurarse de que l@s fanátic@s vean un “buen espectáculo”. Un árbitro de boxeo no está ahí para satisfacer su propio ego al atribuirse el “éxito” de haber permitido que la batalla continuara. Un árbitro de boxeo está ahí para proteger a ambos boxeadores en los momentos en que más lo necesitan, es decir, cuando ni estos mismos saben lo que les conviene.
Como bien hemos visto en múltiples ocasiones, muchos atletas no piensan en la posibilidad de retirarse o de renunciar cuando se dan cuenta de que hay algo que les impide desempeñarse plenamente. Esto no es compatible con la masculinidad hegemónica y si rompen ese código saben que l@s fanátic@s nunca lo perdonarán. Así le pasó a Victor Ortiz, el joven boxeador mexicoamericano que decidió no continuar una pelea ante su inhabilidad de bloquear los golpes de Marcos Maidana. Ahora Ortiz intenta rehacer su carrera boxística pero tiene que hacerlo en contra de todas las personas que ya no creen en él, que lo tildan de “gallina”, de “miedoso” y de “frágil”. Así mismo le pasó al puertorriqueño Kermit Cintrón que, luego de romper uno de los mandamientos de la masculinidad hegemónica (estoicismo) al llorar después de una de sus peleas con Antonio Margarito, se ganó los mismos sellos que Ortiz. Éstos le han acompañado de tal manera que cuando en su última pelea salió volando del ring luego de haberse enredado con su oponente, la gente lo vio como una confirmación más de su “fragilidad mental”. Lo acusaron de haberse “tirado” del ring a propósito por tener miedo. De igual forma, lo acusaron de haberse quedado en el piso para no continuar la pelea[3]. No es fácil ir en contra de la masculinidad hegemónica, así que para eso existen los árbitros que tienen el deber de proteger a los boxeadores cuando a éstos ni le pasa por la cabeza rendirse. Y en eso falló absolutamente Arthur Mercante Jr.
No es la primera vez que Mercante comete un error imperdonable como ese. Dice Russ Anber, de la cadena canadiense TSN:
Let’s take a quick look at some of the Mercante fights of the past. These can easily be found on YouTube. Mercante was the third man in the ring when Pernell Whitaker was allowed to pound Diosbelys Hurtado mercilessly as Hurtado was virtually unconscious and laying on the ropes. Mercante was also the referee when Charles Murray pounded Reggie Green, and more seriously, Mercante refereed the fight in which Beethaeven Scotland was killed after absorbing far too much punishment under the watchful eye of Mercante.[4]
Es decir, esto no fue un mero desliz o un momento único en el que el árbitro perdió la noción de su propio rol y decidió jugar al fanático, sino que es parte de una trayectoria de irresponsabilidad de este árbitro.

Por otro lado, ¿qué quiere decir que Foreman y Cotto estaban en medio de una “gran pelea”? Yo entiendo que en tiempos del imperio romano, parte del entretenimiento era ver como se echaban algunos hombres a pelear con leones, pero creo que en nuestros tiempos, uno de los requisitos de los deportes de combate es que sea justo y que ambos tengan la misma oportunidad de ganar. Ese requisito se hizo añicos cuando Foreman perdió su única opción de triunfo: su movilidad. Perdiendo en las tarjetas y sin capacidad para dar un puño de knockout, ¿qué opciones de triunfo tenía Yuri Foreman? Ninguna. Aunque en los últimos dos asaltos Foreman se defendió lo mejor que pudo, la realidad era que él mismo sabía que era imposible ganar la pelea: “I don’t know what I really could have done, but I was not going to quit.”[5] Quizá es que yo no tengo el temperamento sádico necesario, pero no veo siquiera el entretenimiento en este espectáculo.
Sin embargo, lo más que me molesta de las palabras y la actitud de Mercante es que, al fin y al cabo, él se convirtió en la personificación de la masculinidad hegemónica en el ring. “I went over to Yuri and told him to suck it up. He showed the true heart of champion”. Si en algún momento Yuri Foreman dudó de si debía continuar esa pelea o no, los comentarios de Mercante tronaron en sus oídos y le acordaron que un “hombre” no renuncia, no se queja y aguanta. Más allá de ser irresponsable, Mercante se convirtió en el facilitador principal de la barbarie.
La actitud desafiante y estúpida de Mercante es horrorosa de por sí, pero casi peor fue leer todos los comentarios de admiración hacia Foreman y hacia Mercante. Era aquí que verdaderamente se demostraba porqué se utiliza la palabra “hegemónica” para describir este tipo de masculinidad. Algunos ejemplos:
Foreman’s a fighter, a champion, he came to fight, to defend himself, and his belt, and his people. There were some great exchanges still. I think Arthur did a remarkable job, he did what he was supposed to do. He knows the rules, he responded appropriately. All in all, it was a magical evening of boxing. – Melvina Lathan, directora de la Comisión Atlética de Nueva York. [6]
Referee Arthur Mercante Jr. made the decision to continue the fight. It was a gutsy call, but the right one in that moment. Foreman clearly wanted to continue and he was still fighting back, albeit with an injury… Gotta give Foreman a lot of credit for the heart he showed as he made for the most entertaining fight of his career, one in which he had been slammed by many critics (yes, an ESPN.com writer included) for his boring style. Now, he’ll be a bigger star than he ever was before. – Dan Rafael, reportero principal de boxeo para ESPN.com[7]
The general consensus from the press and the fans: continuing the fight was right. It wasn’t a head injury and Yuri Foreman was game. – Twitter official de HBO Boxing.[8]
Quizá es mejor ver el vaso medio lleno. Ya que han pasado varios días, han salido varias voces que han condenado las acciones de Mercante (aunque nadie, por supuesto, se atreve a decir que la actitud de Foreman fue equivocada también). Algunos reporteros como Anber o Chris Iorfida de la Canadian Broadcasting Corporation han escrito artículos que, sin hacer uso del andamiaje teórico de la masculinidad hegemónica, han puesto entredicho la actuación de Mercante. Dice Iorfida, por ejemplo:
Mercante’s forceful actions were greeted with much approval by most boxing observers following on Twitter. I didn’t get it. The ref’s job is to protect the fighter, not to impose his will or provide a more satisfactory outcome for the paying customers… It’s great that Foreman himself wanted to continue and put on a gutsy display, but all Mercante’s much-ballyhooed intervention accomplished was to prolong the inevitable by three minutes. Foreman was trailing by anywhere from four to six points and doesn’t have a big punch even when he can plant and pivot with two good legs, let alone one… he [Mercante] seemed to want to inject himself into the proceedings. He invoked his dad’s name before giving instructions to the fighters, and he repeatedly pointed to the sky as he waited for the opening bell.[9]
Es bueno ver que hemos avanzado lo suficiente como civilización para que al menos existan personas que cuestionen este tipo de acción. Sin embargo, mientras no se cuestione la raíz (la ideología/visión de mundo) que permite que este tipo de situaciones ocurran, no habremos avanzado lo suficiente. Mientras la masculinidad hegemónica siga siendo el pan nuestro de cada día, seguirán los hombres de esta y otras generaciones sufriendo dolores innecesarios, heridas innecesarias y muertes innecesarias. No confundamos la estupidez de Foreman y de Mercante con valentía; ir a favor de la corriente nunca es valiente.
[1] Bryan Denham (2010) “Masculinities and the Sociology of Sport: Issues and Ironies in the 21st Century” en Earl Smith ed. Sociology of Sport and Social Theory.
[2] Dan Rafael (2010) “Cotto overcomes Foreman, bizarre night” ESPN.com. Buscado en: http://espn.go.com/new-york/story?columnist=rafael_dan&id=5256515
[3] Lyle Fitzsimmons (2010) “Cintrón’s Post-Williams critics go way too far” Miami Herald. Buscado en: http://www.miamiherald.com/2010/05/13/1628507/cintrons-post-williams-critics.html
[4] Russ Anber (2010) “A BIZARRE WEEK IN THE WORLD OF BOXING” en TSN.com. Buscado en: http://www.tsn.ca/boxing/story/?id=323844
[5] Wallace Matthews (2010) “Cotto wins battle of wounded knee” ESPN New York. Buscado en: http://sports.espn.go.com/new-york/news/story?id=5257027
[6] Michael Woods (2010) “Bottom Line, Arthur Mercant Jr. adhered to the rulebook” en The Sweet Science. Buscado en: http://www.thesweetscience.com/boxing-article/8087/bottom-line-arthur-mercante-adhered-rulebook/
[7] Dan Rafael (2010) “Cotto proves he’s still a force” en ESPN.com. Buscado en: http://sports.espn.go.com/sports/boxing/columns/story?columnist=rafael_dan&id=5257935
[8] http://twitter.com/hboboxing
[9] Chris Iorfida (2010) “Mercante was 1st man in ring at Yankee Stadium, not 3rd” en CBC.com. Buscado en: http://www.cbc.ca/sports/blogs/chrisiorfida/2010/06/mercante-was-1st-man-in-ring-at-yankee-stadium-not-3rd.html
Una Respuesta a “Corazón de campeón”: Boxeo, masculinidad hegemónica y estupidez ideológica