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El estigma de lo femenino

11 sep

En nuestras sociedades, la masculinidad se construye, en muchas ocasiones, en directa oposición a lvictorortiza femineidad. Este fenómeno es problemático en tanto y en cuanto el género no debería ser una composición estática que se le fuerza a una persona según sus órganos sexuales. No obstante, a lo largo de nuestra historia contemporánea, así se ha hecho. Es por esta razón que en la mente de muchas personas en el mundo sólo existen dos géneros aceptables. Estos dos géneros tienen sus características y éstas son inamovibles: los hombres son fuertes (masculinos) y las mujeres son suaves y débiles (femeninas). Donald Sabo (1994) explica: “The hardness-softness dichotomy echoes and fortifies stereotypes of masculinity and femininity. To be ‘hard’ means being more manly than the next guy, who is said to be ‘soft’ and more feminine.”[1] Esto implica que para ser un hombre de verdad, hay que demostrar que uno puede con el dolor, que uno no es “débil” y que para defender esa masculinidad está dispuesto a morir antes que flaquear ante el dolor. Basándose en esa definición macabra, Victor Ortiz no es un hombre.


Victor Ortiz es un joven boxeador que hasta el pasado 27 de junio de 2009 era considerado como uno de los grandes prospectos del deporte. Sin embargo, ese fatídico sábado de junio, Victor Ortiz perdió.

La realidad del caso es que la pérdida no importa mucho. Ya Ortiz tenía una derrota en su récord y son muchos los boxeadores (la inmensa mayoría, de hecho), que tienen derrotas en su resumé y eso no les limita para tener una carrera exitosa en el boxeo. El problema de Ortiz fue como perdió la pelea. Al finalizar el quinto asalto, Ortiz había besado la lona y tenía el ojo derecho cortado y el izquierdo completamente hinchado. En el sexto y último round, Ortiz no se veía con ganas de continuar. Trataba de esconderse para no recibir más castigo y en un momento dado se alejó de la acción haciendo un gesto de “no más” y el referí llamó al doctor que, finalmente, al ver la condición del púgil, paró la pelea. Ortiz renunció.

Y este fue el pecado capital que cometió el joven boxeador. En el mundo de los deportes de batalla o contacto no hay nada más importante que esa “hombría” dura. Nack y Munson (1995) comentan: “Particularly in contact sports, things feminine have served as symbols of things to be avoided”[2] Quiere decir esto que al demostrar dolor, al demostrar debilidad y al no estar dispuesto a morir por su honor de hombre, Ortiz pasó, en la mente de muchos, al otro lado de la dicotomía: era “suave”, era “femenino”.

Las críticas no se hicieron esperar. Los promotores de Ortiz, Oscar de la Hoya y Shane Mosley (socios en la compañía “Golden Boy Promotions”) lo regañaron fuertemente cuando Ortiz aceptó publicamente que se había entregado. Ortiz dijo luego de su derrota: “I’m young but I don’t think I deserve to be beat up like this’’ (The Sweet Science). Sin embargo, luego la compañía Golden Boy tiró un comunicado de prensa en el que el boxeador se retractaba de sus palabras: “I made some comments after the fight that were an emotional response to the loss. I take full responsibility for my mistakes and actions, but I didn’t mean what I said.  I am young, have things to learn and I guarantee you, I will be a world champion, MARK MY WORDS…Just watch me!” Es decir, Ortiz tuvo que cambiar su discurso honesto y espontáneo por uno fabricado para quitarse un poco la “vergüenza” de haber mostrado “debilidad”. Igualmente, la fanaticada y otros boxeadores no vieron con buenos ojos la decisión  tomada por el púgil. Steve Forbes, otro boxeador profesional, criticó abiertamente a Ortiz en su página de Facebook: “Ortiz did quit I just watched it again W.T.F hype jobs are destroying boxing this shiznit is disgusting. Lose on your shield.”

Y es aquí que esta concepción de la masculinidad pasa de lo ridículo a lo peligroso. Menos de un mes después de la derrota de Victor Ortiz, el boxeador Marco Antonio Nazareth murió como consecuencia de heridas recibidas en una pelea con Omar Chávez, el hijo del gran Julio César Chávez. ¿Acaso hubiera sido mejor que Ortiz sufriera la misma suerte de Nazareth? ¿Hubiera sido esto preferible a la ofensa de decir “no más”? Parecería que sí.

En la cultura del deporte, una cultura que como he discutido en este blog anteriormente se ha construido como un área estereotípicamente masculina, defender esa noción de hombría es casi más importante que ganar. Ted Crosset, catedrático asociado del departamento de gerencia deportiva en la Universidad de Massachussets, explica este fenómeno: “Part of the male athelete’s subworld is not to be a woman. Women are degraded. You don’t want to be skirt-of-the-week. You don’t want to be a wimp, a sissy. To be a man is not to be a woman. Women are not respected. Women are despised”(énfasis mío).[3] Lo cierto es que esto vas más allá de una simple parte de la cultura del deporte. Esta visión se ha integrado a esa cultura de tal manera que a veces es casi imposible separarla.

Un buen ejemplo de la importancia de esta concepción de hombría es el recién fallecido Arturo Gatti. Gatti no era un mal boxeador, pero su récord deja claro que en las ocasiones en que peleó con púgiles de alta calidad, perdió. Sin embargo, Gatti siempre fue considerado como uno de los boxeadores más populares de su época. Esa popularidad se la ganó con su fama de “guerrero”. Gatti prefería morir antes que renunciar. Su trilogía con Micky Ward atestigua su hombría. La muerte repentina de Gatti (por asesinato o suicidio, todavía no sabemos) trajo consigo muchos homenajes póstumos. En todos y cada uno de esos homenajes se hace algún tipo de mención sobre esa hombría. Dan Rafael, comentarista de boxeo de ESPN.com, dice lo siguiente: “Arturo Gatti was the ultimate blood-and-guts warrior, with a loyal cult following of fans who loved him, win or lose. He was a regular guy who happened to be able to take and dish out punishment in shockingly massive doses. He was the ‘Human Highlight Film,’ as many called him (énfasis mío). ” De igual forma, Lou DiBella, promotor de Gatti, le rinde el más grande homenaje a su hombría al decir, “He had balls the size of basketballs. It was inhuman. He had more guts than anyone I ever saw (énfasis mío).”[4] Más allá de su récord o de sus destrezas boxísticas, lo que la gente recuerda de Gatti son sus agallas, sus testículos. Este sí era un hombre de verdad, no como el afeminado Victor Ortiz.

En muchas ocasiones se habla de las presiones de ser mujer en nuestra sociedad. Efectivamente, crecer como mujer no debe ser nada fácil. Sin embargo, no se deben menospreciar las presiones a las que están sometidos los hombres por esos mismos roles de género. Ser un hombre conlleva todo un performance que puede ser altamente destructivo: el hombre no puede demostrar debilidad, no puede huir del dolor, tiene que “defender” el honor de las “damas débiles” y no puede echarse hacia atrás. Hacer cualquiera de estas cosas le condena a cargar con el “estigma” de lo femenino; así de frágil es esta concepción estática de la masculinidad.

Peleadores como Muhammad Ali, Marco Antonio Nazareth o Doo Koo Kim son muestras de cuan destructiva es esta noción dentro del boxeo. Todos han sentido las consecuencias de vivir siempre protegiendo esa hombría, ya sea en forma de enfermedad (Ali) o, peor aún, de muerte (Nazareth y Kim). Igualmente, esta visión se extiende a otros deportes. Phil Jackson, coach de los Lakers de Los Angeles dice: “Players have been conditioned since childhood that every confrontation is a test of manhood”[5] Es por esto que las muertes relacionadas al deporte no solamente no han cesado sino que han continuado en aumento[6]. El problema, no obstante, es que no sólo los jugadores han crecido con esa mentalidad. Así se siguen criando miles y millones de niños cada día; niños que,  si tienen suerte, crecerán a ser hombres atados a una concepción arcaica de masculinidad. Muchos, desafortunadamente, nunca serán tan agraciados de llegar a la adultez ni de liberarse de las cadenas de la supuesta hombría pues perecerán llevando a cabo el performance de su masculinidad.

Victor Ortiz perdió la pelea y el respeto de la fanaticada pero salvó su vida y su salud. Esperemos que las presiones de demostrar que, efectivamente, es todo un macho no lo lleven a tomar decisiones fatales.


[1] Sex, Violence and Sports, p. 168, 1994.

[2] “Sport’s Dirty Secret”, Sports Illustrated, 31 de Julio de 1995.

[3] IBID

[4] “Gatti’s guts, devotion will be missed”, ESPN.com, Dan Rafael, 18 de julio de 2009.

[5] Varda Burstyn, The Rites of Men, p. 168

[6] IBID

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3 Comments

Publicado por en 11/09/2009 in Estudios culturales, Género

 

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3 Respuestas a El estigma de lo femenino

  1. Angel L. Laboy Corales

    04/10/2009 at 5:43 pm

    Eso es completamente sierto, los hombres han degradado ala mujer pq dicen que son mas debiles creyendoce que el ser hombre los hace ser el genero mas fuerte, y realmente no es asi, cuando una mujer da a luz, se necesita ser completamente fuerte para poder aguantar semejante dolor y dudo mucho que un machista creyendoce el mas fuerte pudiera aguantarlo…

     

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