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Con las nalgas al aire: La sexualización del ping-pong femenino

10 ago

ping pong 2Las mujeres, hoy día, tienen más poderes y más derechos que en ningún otro momento de nuestra historia. Sin embargo, lejos de haber alcanzado un terreno de juego justo que garantiza la equidad de ambos sexos, las mujeres todavía tienen que soportar doble varas, “glass ceilings” y la sub-valoración de muchas áreas que se conocen como “femeninas” o de sus incursiones en áreas tradicionalmente “masculinas”. Este es el caso de muchas mujeres deportistas.

En las olimpiadas veraniegas del 2008 en Pekín, se formó una controversia en torno a los uniformes que utilizan las jugadoras de tenis de mesa (ping pong). Claude Bergeret, la presidenta de la Federación Internacional de Tenis de Mesa (ITTF por sus siglas en inglés), dijo que la Federación estaba “…trying to push the players to use skirts and also nicer shirts, not the shirts that are made for men, but ones with more curves,” (Reuters) Según Bergeret, así aumentarían las audiencias y l@s seguidores/as del tenis de mesa. Demás está decir que, para mí, esta proposición es problemática por donde quiera que se agarre.


Antes que nada, hay que entender que la connotación de este comentario es: “hay que atraer más hombres”.  Podríamos argumentar que Bergeret incluye a las mujeres también pero bien es sabido que el público objetivo de los eventos deportivos son los hombres jóvenes (Power Play, Boyles y Haynes, 1999). Y aquí es que se comienza a ver lo nebuloso de la situación. Claude Bergeret está buscando hacer el deporte más “atractivo” para los hombres jóvenes. Pero y ¿por qué no se busca aumentar la fanaticada femenina? Boyles y Haynes (1999) comentan que cuando el deporte se convirtió en una empresa mediática, entre los 50’s y los 60’s, el objetivo principal era atraer consumidores varones porque en aquella época eran pocas las mujeres que tenían dinero propio. Sin embargo, ese argumento ya no aplica en muchas partes del mundo. Entonces ¿por qué no se puede mercadear el deporte para las mujeres? Contestar esta pregunta merecería toda una disertación aparte. No obstante, habría que mencionar  que el deporte se ha construido y se ha vendido como un área típicamente masculina y esto, junto con la socialización tradicional de las mujeres, ha hecho que a muchas no les atraiga el deporte y, por ende, no gasten ni consuman en el deporte lo mismo que gastan y consumen los hombres. Esta es la versión bolsillo, claro está.

Segundo, ya habiendo cuestionado el motivo, hay que cuestionar el método. Digamos por un momento que, efectivamente, cambiarle la ropa a las tenistas de mesa atrae más espectadores, ¿qué tipo de espectadores están atrayendo? Personas (en su mayoría hombres) que no están interesad@s en las destrezas y habilidades de estas atletas, sino en su físico y apariencia. Jennifer Hargreaves, en su obra seminal Sporting Females: Critical Issues in the History and Sociology of Women’s Sports, explica esto:

“In newspapers and magazines images of sportsmen in action proliferate, but we constantly see symbols of women’s femininity, rather than pictures of female athleticism. Popular versions of masculinity and femininity which suggest sexual difference are repeated and become commonplace, universalizes, so that they feel ‘natural’ and acceptable, whereas in reality they are preferred, constructed images” (p. 163).

Más adelante, Hargreaves comenta:

“Snooker cues, cricket bats, boxing gloves and footballs are such obvious symbols of manliness that for bare-breasted women to be holding them suggests a provocative sexual message: that ‘real’ sports are for men, and women are there to provide excitement and arousal” (p.167).

Y esto es lo que más preocupa de esta proposición. Al continuar la sexualización de las mujeres en el deporte, se manda el mensaje de que sus destrezas, sus habilidades, sus ejecutorias no valen por sí solas. El deporte femenino se perpetúa como una atracción pasajera, cómo algo novel y gracioso pero no como una actividad seria que requiere el mismo trabajo que las de los atletas masculinos. “Vengan a ver estas lindas chicas en trajes cortos, ¿a quién le importa si juegan bien después que se le vean las piernas y las nalgas cada vez que se muevan hacia el frente?”

Lo verdaderamente problemático de todo es el doble estándar al que están sometidas las mujeres atletas. ¿Cuántas veces hemos visto u oído una noticia similar sobre atletas varones? ¿Creen ustedes que a los presidentes del World Baseball Classic, (que ha tenido problemas en los ratings dentro de Estados Unidos) se les ocurriría decirle al Team USA que, por favor, se pongan pantaloncitos cortos y salgan a jugar sin camisa para ver si atraen más mujeres a los estadios? La mera noción de invertir los papeles suena risible para muchas personas. Son estos doble estándares los que mantienen al deporte femenino en un segundo plano y en el área de “curiosidad” en vez de tomarlo tan serio como el deporte masculino. Varda Burstyn, en su libro The Rites of Men: Manhood, Politics and the Culture of Sports, resume bien este argumento:

“…women have still not succeeded in achieving the pinnacles of athletic stardom. Jackie Joyner Kersee may be as talented and as accomplished an athlete as Carl Lewis. Martina Navratilova had throngs of admirers in the tennis world. But even these extraordinary women never had the charismatic weight or the economic clout of a Michael Tyson, a Michael Jordan, or a Wayne Gretzky. In 1997, for the second straight year, there were no women athletes on Forbes magazine’s list of the forty highest-paid athletes” (153).

Por otro lado,  la sexualización del deporte femenino trae una serie de presiones innecesarias para las mismas mujeres. Mientras los deportes femeninos se sigan mercadeando y vendiendo como un show de mujeres atractivas, aquellas mujeres que no cumplen con los estándares de belleza “adecuados” se mantienen en desventaja. Por esta razón, muchas atletas se ven forzadas a vestir más sexy, a adelgazar no por que su deporte lo requiera sino para verse mejor y a salir en fotos en poses sensuales para lograr algún tipo de reconocimiento. Por supuesto, no podemos caer en la trampa de pensar que las mujeres son simples sujetos pasivos y víctimas de todo este proceso sin una voz propia. Como bien dice Hargreaves, hay atletas femeninas que “also exploit  their own sexuality to get media attention, public interest, and money” (p.163). Sin embargo, el problema es que las condiciones estructurales en las que muchas atletas se mueven no les dan otras opciones. Y este es, al fin y al cabo, el asunto medular en esta controversia de las tenistas de mesas.

L@s apologistas de esta proposición, tienen dos argumentos principales para rebatir las acusaciones de sexismo: 1) Ya hay jugadoras que han decidido hacerlo y 2) Claude Bergeret es mujer. Ambos argumentos se contestan con variantes de una misma idea: el deporte se ha construido como un área típicamente masculina en el que aplican unos códigos estereotípicamente masculinos y si las mujeres quieren ser exitosas (véase ricas y famosas) tienen que atarse a esos códigos.

En la noticia de Reuters que se referencia al principio de este artículo, se menciona que Naomi Yotsumoto, una tenista de mesa japonesa, “tomó el asunto en sus propias manos” y jugó en un traje “atrevido” que consistía de una mini falda y una camisa con una sola manga que dejaba uno de sus hombros al descubierto. Una búsqueda del nombre de Yotsumoto en Google arroja aproximadamente 99,100 entradas. Es interesante, entonces, que toda la primera página de resultados sea de sites que hablan del físico de Yotsumoto y no de sus actividades como tenista de mesa. Algunos resultados tienen títulos reveladores: “Naomi Yotsumoto is Table Tennis HOT » RightFielders Women in Sports”, “Naomi Yotsumoto: Ponging in Style!”, “Yotsumoto Naomi – Sweet Table Tennis Player – Wallcoo.net” (ésta es una página de Wallpapers para las computadoras), “Table Tennis Wants to Sex Up Its Image & Attract More Viewers …”, etc. Efectivamente, Yotsumoto logró su cometido de aumentar su perfil público y de convertirse en algún tipo de celebridad, ¿pero sería igual si jugara con camisas holgadas y “pantalones de hombre”? ¿Tendría la misma fama sólo por su forma de jugar, por sus destrezas y habilidades? De igual forma, habría que preguntarse si los hombres se sienten en la necesidad de posar desnudos o semi-desnudos para que les tomen en serio como deportistas. ¿Puede un hombre hacerse rico y famoso como deportista sin tener que recurrir a esto? Claro que sí. ¿Puede hacerlo una mujer? La respuesta ahí no es tan obvia.

Por otra parte, el que Claude Bergeret sea mujer no elimina el hecho de que esta es una propuesta sexista y que conlleva un doble estándar. Bergeret, en vez de cuestionar los supuestos de la situación actual, prefiere dejarse llevar por los códigos masculinos que dictan que si hay mujeres lindas y sexys jugando, las audiencias aumentarán aún cuando no tomen el deporte en serio. Bergeret, entonces, se convierte en cómplice del status quo y perpetúa todo este andamiaje que se ha discutido a lo largo de este artículo.

Todo este episodio de los uniformes de las tenistas de mesa, deja al descubierto esas corrientes de discriminación y prejuicios que se mueven dentro del mundo deportivo. Lograr la igualdad de la mujer en el mundo es una causa que ha avanzado mucho en las últimas décadas. Sin embargo, no podemos dejarnos engañar por aquellas personas que pretenden parar el desarrollo y el progreso de estas causas cuando nos dicen que ya todo está arreglado. La realidad del caso es que falta un gran camino por recorrer y eventos como éste dejan claro las grandes disparidades entre los géneros. Mientras se sigan repitiendo estos patrones, estos supuestos y estas proposiciones, el deporte femenino continuará con su fama de “atracción de circo” y las atletas se verán forzadas a escoger entre el anonimato y la fama a fuerza de piel.

 
4 comentarios

Publicado por en 10/08/2009 en Cuerpo, Género

 

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4 Respuestas a “Con las nalgas al aire: La sexualización del ping-pong femenino

  1. Deaddack89

    10/05/2010 at 12:40 am

    Creo que es un ensayo que explica claramente la realidad del sexismo en los deportes “femeninos” y también nos muestra como las mujeres que participan en ellos no reciben la misma admiración de talento como los hombres y como ellas se ven afectadas no solo económicamente sino también moralmente.

    Muy bueno…

    :-)

     
  2. Raul J.

    10/05/2010 at 3:11 am

    Muchas gracias. Ya mismo voy a escribir otro que discute el tratamiento que reciben las reporteras de deportes. Estate pendiente para ese! =) Gracias por leer!

     

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